ÉL ES ANTES DE MI Y VIENE DESPUES DE MI.
__ ¿Tú, quién eres?
__ Yo no soy el Cristo.
__ ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías?
__ No.
__ ¿Pues quién eres? Para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?
__ Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.
__ ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta?
__Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado.
Este diálogo sucedió en Betábara, al otro lado del Jordán, entre Juan el bautista y unos sacerdotes y levitas fariseos que desde Jerusalén fueron enviados por los judíos, hasta donde él estaba bautizando. Juan menciona a Jesús y se refiere a él como quien viene después de él, pero a la vez dice que es antes de él. Con esto da a entender la preexistencia de Jesús, pues si bien es cierto que Juan es seis meses mayor que Jesús, también es cierto que Jesús existe desde la eternidad; por lo tanto Juan dice que él no es digno de desatar la correa del calzado de Jesús.
EL CORDERO DE DIOS.
“EL SIGUIENTE DIA VIO JUAN A JESÚS QUE VENÍA A ÉL, Y DIJO: HE AQUÍ EL CORDERO DE DIOS, QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO” Juan 1:29. Juan identifica a Jesús como “El Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Vienen a mi mente las palabras del profeta Isaías: “ANGUSTIADO ÉL, Y AFLIGIDO, NO ABRIÓ SU BOCA; COMO CORDERO FUE LLEVADO AL MATADERO; Y COMO OVEJA DELANTE DE SUS TRASQUILADORES, ENMUDECIÓ, Y NO ABRIÓ SU BOCA.” (Isaías 53:7). También vienen a mi mente las palabras del apóstol Pedro en donde él menciona a Jesús como el Pastor y Obispo de las almas. ¡Que paradoja! ¡Jesús es Pastor y Cordero! Como Pastor él apacienta nuestra alma; como cordero, fue sacrificado en nuestro lugar. El fue nuestro sustituto, él tomó nuestro lugar en la cruz, él recibió la muerte en nuestro lugar. “HE AQUÍ… Aquí, en este mundo en donde abunda la maldad, donde el odio y la violencia abundan por doquier; aquí, en donde la lascivia y la lujuria controlan la mente del ser humano; aquí, en donde por menos de cinco centavos alguien le quita la vida a otro; aquí, en donde la egolatría ha establecido su reino, se presentó el Cordero de Dios, el cordero elegido por Dios para ofrecerlo en sacrificio a favor de esta humanidad ególatra y perversa, la cual siendo como es, tiene un lugar especial en el corazón de Dios, pues El la creó. ¿Quién, podrá decir con razón que Dios no lo ama? ¿Qué mayor prueba del amor de Dios necesitamos? ¿Acaso no es prueba suficiente de su amor que El mismo haya elegido a su amado Hijo para entregarlo a la muerte con tal de salvar a tan pecadora humanidad? ¿Acaso no es suficiente prueba del amor de Cristo el que El mismo haya aceptado ser el sustituto del hombre pecador y ofrecerse como el sacrificio perfecto con tal de salvarnos a todos? Jesús declara: “SACRIFICIO Y OFRENDA NO QUISISTE; MAS ME PREPARASTE CUERPO. HOLOCAUSTOS Y EXPIACIONES POR EL PECADO NO TE AGRADARON. ENTONCES DIJE: HE AQUÍ QUE VENGO, OH DIOS, PARA HACER TU VOLUNTAD, COMO EN EL ROLLO DEL LIBRO ESTA ESCRITO DE MI.” (Hebreos 10:5-7). Y, el autor de la carta a los Hebreos agrega: “EN ESA VOLUNTAD SOMOS SANTIFICADOS MEDIANTE LA OFRENDA DEL CUERPO DE JESUCRISTO HECHA UNA VEZ PARA SIEMPRE” (Hebreos 10:11). Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. El sacrificio de Cristo en la cruz es el único sacrificio válido para que seamos perdonados. El sacrificio de Cristo es el único sacrificio aceptado por Dios a favor del pecador. Fuera del sacrificio de Cristo, no hay otro sacrificio aceptado por Dios para la redención del pecador. Ningún sacrificio que tú hagas con miras a obtener tu salvación será aceptado por Dios. El único pago que Dios acepta por el rescate de tu alma, es la sangre preciosa de su Hijo amado, derramada en la cruz del calvario. El sacrificio de Cristo el Cordero de Dios es el único medio de salvación para toda la humanidad. Jesucristo es el único salvador. El apóstol Pedro declaró: “ESTE JESÚS ES LA PIEDRA REPROBADA POR VOSOTROS LOS EDIFICADORES, LA CUAL HA VENIDO A SER CABEZA DEL ANGULO. Y EN NINGUN OTRO HAY SALVACION; PORQUE NO HAY OTRO NOMBRE BAJO EL CIELO, DADO A LOS HOMBRES, EN QUE PODAMOS SER SALVOS.” (Hechos 4:11-12). Como no hay otro medio de salvación, todo el que rechace a Cristo como su Salvador, quedará irremisiblemente perdido para siempre, pero aquel que lo reciba como Salvador y Señor, recibirá el perdón de sus pecados y tendrá la vida eterna pues El es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
miércoles, 10 de febrero de 2010
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